Cuentos populares
Cuentos populares Guskov se cubrió el rostro y se echó a llorar; decididamente, yo no sabÃa que decir ni qué hacer.
—TranquilÃcese. Es usted demasiado sensible. No lo tome todo tan a pecho, no analice, considere las cosas desde un punto de vista más sencillo. Usted mismo dice que tiene carácter. DomÃnese; ya le queda poco que sufrir —balbucÃ.
Me sentÃa decepcionado, lo compadecÃa y me arrepentÃa por haberme permitido censurar a un hombre que era tan desgraciado.