Cuentos populares
Cuentos populares —No me negaré, ya que es usted tan amable —dijo—. Aquí hay un pequeño café; podemos entrar en él… es modestito —añadió, señalando un local que aún estaba abierto.
La palabra modestito me dio la idea de no llevarlo a un cafetín, sino al Schwezerhof, donde estaban las personas que le habían escuchado. A pesar de que rehusó tímidamente, repitiendo que ese hotel era demasiado elegante, insistí y acabó por acceder. Fingiendo estar tranquilo, me siguió por el muelle, agitando jovialmente la guitarra. Varios jóvenes ociosos que paseaban, se habían acercado a escuchar lo que le decía al cantor; y fueron en pos de nosotros hasta la misma entrada, creyendo, sin duda, que volvería a cantar.