Cuentos populares
Cuentos populares Pedí una botella de vino al camarero que nos encontramos en el vestíbulo. Nos miró con una sonrisa; y pasó de largo sin decir palabra. El maître d’hôtel, a quien me dirigí con el mismo ruego, me escuchó con expresión grave; y, tras de examinar de pies a cabeza la pequeña figura del cantor, ordenó al camarero, con tono autoritario, que nos condujese a la sala de la izquierda. Era un modesto café para gente humilde. En un rincón, una criada jorobaza fregaba vasos; todo el mobiliario lo constituían bancos y meses de madera, sin manteles. El camarero que acudió a servirnos nos observó, con una sonrisa entre dulce y burlona; y, con las manos en los bolsillos, cambió unas palabras con la criada jorobaza. Sin duda, quería darnos a entender que, con su posición social y sus cualidades, estaba muy por encima del cantor y que, no sólo no le humillaba servirnos, sino que hasta lo tomaba como una diversión.
—¿Quieren vino corriente? —preguntó, con aire de entendido, haciendo una seña que aludía a mi compañero, mientras se pasaba la servilleta de un brazo a otro.
—Sírvanos champaña de la mejor calidad —dije, tratando de adoptar el aire más altanero y más imponente posible.