Cuentos populares
Cuentos populares —Oui, le sucre est bon, it est doux pour les enfants! (el azúcar es buena; es dulce para los niños) —replicó, haciendo un guiño y señalando a los camareros.
No comprendà lo que habÃa querido decir. Los camareros se echaron a reÃr.
—No poseo nada. Si poseyese algo ¿acaso iba a andar as� Vuelvo, de cuando en cuando, a mi pueblo, porque hay algo que me atrae.
Repitió con una sonrisa maliciosa la frase: «Oui, le sucre est bon», y se echó a reÃr, con expresión bonachona. Los camareros, muy divertidos, reÃan a carcajadas; la jorobada miraba al hombrecillo, muy seria, con sus ojos bondadosos; y se apresuró a recoger la gorra que éste habÃa dejado caer durante la conversación. He observado muchas veces que a los cantores ambulantes, a los acróbatas y hasta a los prestidigitadores, les gusta llamarse artistas. Por eso, varias veces hice alusión a mi interlocutor de que era artista; pero él consideraba su trabajo como un simple medio de ganarse la vida. Cuando le pregunté si escribÃa las canciones que cantaba, se sorprendió mucho de esa extraña pregunta. Dijo que estaba lejos de poder hacerlo; que todas las melodÃas que cantaba eran antiguas canciones tirolesas.
—Me parece que la canción de Righi no es antigua —objeté.