Cuentos populares
Cuentos populares —Asà son las nuevas leyes de la República —continuó, animándose—. No quieren comprender que un hombre pobre como yo debe vivir de alguna manera. Si no fuera un inválido, trabajarÃa. ¿Qué mal hago cantando? ¡Vaya unas disposiciones! Los ricos pueden vivir como quieran; pero a un pauvre diable como yo no lo dejan en paz. ¿Son ésas las leyes de una República? La verdad es que, en tal caso, no queremos República, ¿no es verdad, caballeros? No queremos República; lo único que queremos…, lo único que queremos… —se turbó un poco—… son unas leyes naturales.
Volvà a llenar su copa.
—¿No bebe? —le pregunté.
Tomó la copa en la mano e hizo una inclinación de cabeza.
—Ya sé lo que se propone —dijo, guiñando un ojo y amenazándome con un dedo—. Quiere emborracharme para ver lo que voy a hacer, pero no lo conseguirá.
—¿Con qué objeto iba a hacerlo? Sólo deseo que pase un rato agradable.
Sin duda lamentó haberme ofendido, interpretando mal mi intención. Se turbó, e incorporándose, me tomó por un codo.
—Ha sido una broma —exclamó, mirándome con expresión suplicante con sus ojos húmedos.