Cuentos populares
Cuentos populares —¿De qué se rÃe? —grité al camarero sintiendo que mi semblante palidecÃa y que mis labios temblaban a pesar mÃo.
—No me rÃo —contestó el hombre, apartándose.
—SÃ; se está riendo de este señor. Y usted, ¿qué derecho tiene de sentarse aquà cuando hay clientes? No se atreva a volver —vociferé dirigiéndome al portero.
Se puso en pie y se retiró hacia la puerta, refunfuñando.
—¿Qué derecho tiene a reÃrse de este señor y a permanecer sentado en la sala cuando él es un cliente y usted un criado? ¿Por qué no se ha reÃdo de mà ni se ha sentado a mi lado durante la comida? ¿Por qué él va pobremente vestido y canta por la calle, mientras que yo llevo un traje elegante? ¿No es eso? Él es pobre; pero mil veces mejor que usted. Él no molesta a nadie y, en cambio, usted lo ofende.
—¡Pero si no he hecho nada! ¿Por qué me dice eso? —replicó, tÃmidamente el camarero—. ¿Acaso le impido que esté aquÃ?