Cuentos populares
Cuentos populares —Y, ¿qué hay, como te sientes, amiga mÃa? —preguntó de pronto el marido, y acercóse al estribo masticando todavÃa.
«Siempre la misma pregunta; pero eso sÃ, ¡no deja de comer!», pensó la enferma, y murmuró entre dientes: —¡Bien!
—Sabes, esposa mÃa, que temo mucho que empeore tu salud si continuamos el viaje con este tiempo tan malo. Y Eduardo Ivanovich opinó lo mismo. ¿No crees que sena mejor regresar?
Ella guardó silencio, descontenta.
—Durante el invierno, el tiempo y los caminos estarán quizá mejor. Tú te habrás restablecido, y podremos entonces venir con los niños.
Ella, exasperada: —Perdóname; pero si yo no te hubiera escuchado podÃa estar a estas fechas en BerlÃn y completamente restablecida.
—Y, ¿cómo remediarlo, ángel mÃo? Tú sabes que era imposible marcharnos entonces. En cambio ahora, si nos quedamos un mes más, tú podrás restablecerte; yo habré arreglado todos mis negocios y podremos traer a los niños con nosotros.
—¡Los niños están sanos, y yo no…!
—Es verdad, amiga mÃa, pero debes comprender que con el mal tiempo que hace ahora, como empeore tu salud en el camino… Si estuvieran al menos en casa…