Cuentos populares
Cuentos populares El amo se felicitaba de haber tomado a aquellos criados, pues los dos ancianos, habiendo sido amos también, desempeñaban admirablemente los trabajos de la casa, y no estaban nunca sin hacer o en la medida que sus fuerzas se lo permitÃan. Pero a Mukhamed-Schah le daba mucha compasión verlos a ellos, antes tan ricos, y ahora sin nada suyo.
Llegó un dÃa en que unos parientes vinieron desde muy lejos a visitar a Mukhamed-Schah. Entre ellos habÃa un noble. Mandó que tomaran un carnero y que lo mataran. Ilia mató uno, lo hizo asar, y lo mandó a los huéspedes de su amo.
Éstos comieron, pues, carnero, luego tomaron té y kummis y hablaron entre sÃ.
Pasó en aquel momento Ilia por delante de la puerta, ya que habÃa concluido su trabajo, Mukhamed-Schah lo vio, y dijo a uno de sus comensales:
—¿Has visto al anciano que acaba de pasar?
—Lo he visto. ¿Qué tiene de notable ese hombre?
—Verás. Era el más rico del paÃs. Se llama Ilia: quizá has oÃdo nombrarle alguna vez…
—¡Ya lo creo! —dijo el otro—. No lo habÃa visto nunca, pero su fama es grande.
—Pues ahora no tiene nada absolutamente. Vive en mi casa de criado y su mujer ordeña mis yeguas.