Cuentos populares
Cuentos populares El otro, sorprendido, meneó la cabeza en señal de duda.
—Sà puedes creerme: la dicha da vueltas como una rueda que eleva a unos y baja a los otros.
—¿Y está triste ese anciano?
—¿Quién puede decirlo? Vive apaciblemente y trabaja bien.
—¿Será posible hablarle? —dijo el huésped entonces—; ¿preguntarle sobre su vida?
—¿Porqué no? —dijo el dueño.
Y gritó entonces fuera de la kibitka:
—¡Babai! (es decir, «abuelo», en lengua baschkir). Ven a beber kumiss con nosotros, y tráete a Scham-Schemaghi.
Entró Ilia con su mujer. Saludaron al dueño y a los huéspedes. Luego Ilia dijo la oración y se agachó cerca de la puerta, mientras que su mujer pasó por detrás de la cortina, y fue a sentarse con su amo.
Dieron una taza de kumiss a Ilia, se inclinó, bebió un sorbo y dejó la taza.
—Dime, abuelo —profirió el huésped—, debe afligirte el mirarnos, pensando en tu vida pasada, y comparando tu dicha de antes con la vida triste que tienes actualmente.
Sonrióse Ilia y contestó: