Cuentos populares
Cuentos populares Antes que a Rina le diera tiempo de volver la cabeza, se encontró separada de Alek y arrastrada por la multitud. La invadió el horror. Al principio, procuró estar tranquila; pero luego no pudo por menos de gritar, pidiendo socorro. Pero nadie se apiadó de ella. Cada vez la apretaban más, le rasgaron el vestido y le arrebataron el sombrero. No lo hubiera podido asegurar; pero creyó que le habían arrancado el reloj con la cadena. Era una muchacha fuerte y hubiera podido resistir; pero el horror le impidió hacerlo. Con el vestido roto y toda magullada, aún se mantenía en pie; pero en el momento en que los cosacos se arrojaron sobre la multitud para dispersarla, se debilitó y cayó al suelo sin sentido.
* * *
Cuando volvió en sí, se hallaba echada de espaldas sobre la hierba. Un hombre, cuyo aspecto era el de un obrero, con barba y con el abrigo roto, permanecía en cuclillas ante ella, echándole agua sobre la cara. Al ver que abría los ojos, se persignó, escupiendo el agua que tenía en la boca. Era Emilian.
—¿Dónde estoy? ¿Quién es usted?
—En la Jodynka. ¿Me pregunta quién soy? Un hombre como los demás. También a mí me han magullado. Pero los hombres como yo pueden soportarlo todo.
—¿Y esto, qué es? —preguntó Riña, señalando las monedas de cobre que tenía sobre el vientre.