Cuentos populares
Cuentos populares —Es que han debido de creerse que habÃa usted muerto y le han echado monedas para el entierro. Yo me he fijado bien y he visto que estaba viva; por eso empecé a echarle agua…
Rina se dio cuenta de que su ropa estaba hecha trizas y que parte de su pecho quedaba descubierto. Se sintió avergonzada, Emilian lo comprendió y se apresuró a taparla.
—No se preocupe, señorita; no será nada.
Acudió gente. Vino un guardia, Rina se incorporó y dijo quién era y dónde vivÃa. Emilian fue a buscar un coche.
Al volver, se encontró con un grupo de gente bastante considerable, Rina se puso en pie. Todos se precipitaron a ayudarla; pero subió en el coche por sà sola. Estaba muy avergonzada por el estado en que se encontraba.
—¿Dónde está su primo? —le preguntó una mujer, acercándose.
—No lo sé, no lo sé —le replicó Rina, con acento desesperado.
Al llegar a casa, Rina se enteró que Alek se habÃa podido librar de la multitud y que habÃa vuelto sano y salvo.