Cuentos populares
Cuentos populares —¿Cuántas veces te he pedido, cuántas veces te he suplicado que no jugaras?
SentÃa lástima por él; pero también se compadecÃa de sà misma, al pensar que pasarÃa penalidades, asà como por no haber dormido en toda la noche, atormentada, esperándolo. «Ya son las seis», pensó, echando una ojeada al reloj que estaba encima de la mesa.
—¡Infame! ¿Cuánto has perdido?
—¡Todo! Todo lo mÃo y lo que tenÃa del Tesoro. ¡CastÃgame! Haz lo que quieras. Estoy perdido —se cubrió el rostro con las manos—. Eso es lo único que sé.
—¡Misha! ¡Misha! Escúchame. Apiádate de mÃ. También soy un ser humano. Me he pasado toda la noche sin dormir. Estuve esperándote, estuve sufriendo; y he aquà la recompensa. Dime, al menos, la cantidad que has perdido.
—Es tan elevada, que no puedo pagarla; nadie podrÃa hacerlo. He perdido dieciséis mil rublos. DeberÃa huir, pero ¿cómo?
Miró a su mujer; y, cosa que no podÃa esperar, ésta lo atrajo hacia sÃ. «¡Qué hermosa es!», pensó, cogiéndola de la mano; pero ella lo rechazó.
—Misha, habla en debida forma. ¿Cómo has podido hacer eso?