Cuentos populares
Cuentos populares No saben siquiera nuestras mujeres qué es lo que quieren, porque habiendo perdido la creencia en Dios, unas tienen fe en las echadoras de cartas, en las sonámbulas y en las curanderas, y otras en el afamado doctor N., porque exige honorarios elevados y tiene muchas excentricidades. Si tuviesen fe, sabrían que la escarlatina y otras enfermedades del mismo género no son tan temibles, puesto que no pueden hacer el menor daño a la única cosa que el hombre puede y debe amar, que es el alma. Sabrían también entonces que todo cuanto pueda sucedernos son acontecimientos que no podemos evitar: la enfermedad y la muerte. Esa falta, esa carencia de fe en Dios, son las que hacen que su amor sea puramente físico y pasen todo el tiempo empleando sus energías en realizar una utopía: ¡la de la prolongación de la vida! Utopía cuya realización prometen los médicos a los imbéciles, y especialmente a las mujeres. Así es que éstas, al vislumbrar el menor peligro, acuden a ellos.