Cuentos populares
Cuentos populares Nuestros hijos no contribuyeron a suavizar nuestras relaciones ni a la unión más perfecta e Ãntima, sino que, por el contrario, sirvieron para acentuar nuestra desunión, y fueron una causa más de disgusto. Desde el dÃa en que nacieron se convirtieron para nosotros en un arma de combate, en un pretexto más para discutir, porque cada uno de nosotros tenÃa un favorito que le servÃa de arma para la lucha. El mÃo era Vassia; el de mi mujer, Lisa, la hija mayor. Cuando crecieron y su carácter se fue perfilando, los consideramos como aliados que querÃamos atraer a nuestro bando. Su educación se resentÃa, naturalmente, a consecuencia de esta situación anormal, pero ¿qué hacer? Con nuestras eternas disputas no podÃamos ocuparnos de aquellas pobres criaturas. El niño era aliado mÃo; en cuanto a la niña, la mayor, que era la aliada de mi esposa, a la que se parecÃa mucho, habÃa momentos en que yo le tenÃa ojeriza.