Cuentos populares
Cuentos populares —«No se oye nada en la habitación de mamá…» —contestó. Nos fuimos juntos a ver lo que pasaba; empujé con fuerza la puerta, cuyo cerrojo resistió apenas, y quedó abierta de par en par. Me acerqué y vi que mi mujer estaba sin sentido y tendida en la cama en una posición incómoda, en enaguas y con los zapatos puestos. En la mesilla de noche habÃa un vaso vacÃo con algunas gotas de opio. Hicimos lo posible para que volviese en sÃ. Derramó un torrente de lágrimas y después vino la reconciliación; pero no fue sincera, porque cada uno conservaba en el fondo de su corazón un sentimiento de odio contra el otro. Pero era necesario concluir, y nuestra vida siguió otra vez como antes.
Escenas semejantes, si no peores, se repetÃan todos los meses, mejor dicho, todas las semanas, y a veces todos los dÃas y siempre con los mismos incidentes. Una vez me marché dejándolo todo abandonado, y hasta llegué al extremo de pedir el pasaporte para irme al extranjero, pero mi debilidad de carácter me detuvo.
Ahà tenéis de qué naturaleza eran nuestras relaciones cuando se presentó aquel hombre, que era un miserable que valÃa poco más o menos lo que nosotros.