Cuentos populares
Cuentos populares —Has conseguido lo que te proponĂas… Me has matado…
En su rostro se traslucĂa el dolor fĂsico y, sin embargo, se descubrĂa ese odio que yo conocĂa tanto.
—Nuestros hijos… no te los llevarás… a pesar de todo… mi hermana será quien se encargue de ellos…
Ni una sola palabra acerca del punto capital, su falta, su traiciĂłn, su crimen; se habrĂa dicho que no le daba ninguna importancia.
—¡SĂ, regocĂjate contemplando tu obra! —y su mirada se fijĂł en la puerta en la que se hallaban su hermana y sus hijos. A mi vez dirigĂ la vista hacia donde estaban los niños, luego contemplĂ© su rostro golpeado y amoratado, y por vez primera, olvidando mis derechos y mi orgullo, vi en ella una criatura humana, una mujer. Todo cuanto me habĂa ofendido, mis celos, se me antojĂł muy poca cosa; por el contrario, tan terrible me pareciĂł lo que habĂa hecho que sentĂ deseos de arrojarme a sus pies, cogerle las manos y gritar: «¡PerdĂłname!
Y no me atrevĂ a hacerlo. Se callĂł y se cubriĂł los ojos; no tenĂa fuerzas para hablar. De pronto su rostro se contrajo, desfigurado, y me rechazĂł dĂ©bilmente.
—¿Por qué ha pasado esto? —murmuró.
—¡Perdóname! —exclamé.