Cuentos populares
Cuentos populares Al encontrarse un dÃa los dos hermanos, se dijeron mutuamente de dónde habÃan sacado, Seman los soldados, y Tarass su fortuna.
Y Seman el Guerrero dijo a su hermano:
—Yo me he conquistado un reino y vivo espléndidamente. Sólo que no tengo dinero bastante para mantener a mis soldados.
Y Tarass el Panzudo le contestó:
—Y yo he ganado muchÃsimo dinero; sólo una cosa me apena: no tener quién me lo guarde.
Seman el Guerrero replicó:
—Vamos a ver a nuestro hermano, Yo le diré que me haga más soldados, y te los daré para que protejan tu dinero. Tú, en cambio, pÃdele más dinero; me lo darás para yo mantener a mis tropas.
Y se fueron a casa de Iván. Y Seman le dijo:
—No me bastan, hermano mÃo; mis soldados. Vengo a que me des más.
Iván movió, negativamente la cabeza y contestó:
—No te haré ni uno más sin razón justificada.
—¡Cómo! ¡Me lo prometiste!
—Es verdad, pero es inútil.
—¿Y por qué, imbécil, no has de complacerme?
—Porque tus soldados —explicó Iván— mataron hace poco a un hombre. Estaba yo labrando cerca del camino y vi pasar a una babé que seguÃa llorando a un féretro. Le pregunté entonces: