Cuentos populares
Cuentos populares ¡Yo que me imaginaba que ibas a divertirte con esos discos dorados y resulta que sirvieron para quitar su vaca a los niños! No te daré más.
Y el imbécil se obstinó también esta vez y Tarass el Panzudo no tuvo más oro.
Contrariados se volvieron los hermanos, hablando en el camino del modo de salir de sus apuros. Y Seman dijo:
—Escucha, he aquà lo que haremos. Tú me darás dinero para mantener a mis soldados; en cambio yo te daré la mitad de mi reino con soldados para guardar tus tesoros.
Tarass accedió. Los hermanos se repartieron sus bienes como habÃan convenido y los dos fueron zares poderosos y ricos.