Cuentos populares
Cuentos populares —¿Te enteraste de lo que dice el Zar? Si aun te queda una raíz, vete a curar a la hija del Zar; serás feliz para el resto de tus días.
—¡Está bien! —dijo, y el imbécil se dispuso a partir.
Le vistieron decentemente. Salió al umbral de la puerta y vio a una mendiga, que se le acercaba, con el brazo roto.
—He oído decir que curas; cúrame el brazo, pues no puedo vestirme sola.
—¡Hágase según tus deseos! —exclamó el imbécil y sacando la raicilla la dio a la mendiga para que la comiera.
La mendiga así lo hizo y sanó, pudiendo mover el brazo.
Los padres de Iván salieron a despedirle. Pero al saber que había dado su última raíz, le riñeron viendo que no tenía con qué curar a la princesa.
—¡Una mendiga! —le decían—. ¡Te has compadecido de una mendiga! ¡Y de la princesa, no!
Pero Iván también de ésta se había compadecido. Enganchó su caballo, cargó de paja la carreta y subió al pescante.
—Pero ¿a dónde vas, imbécil?
—A curar a la Zarevna[9].
—¿Cómo, si no tienes remedio para ella?