Cuentos populares
Cuentos populares No cesaban de aparecer nuevas y nuevas deudas de su padre, de las que hasta entonces no habÃa tenido noticia. Se veÃa que el difunto, en los últimos tiempos, habÃa tomado dinero sin reparar en las condiciones. En mayo, cuando se procedió al reparto, Evgueni pensaba que habÃa acabado de ponerse al tanto de todo. Pero de pronto, mediado del verano, recibió una carta de cierta viuda EsÃpova, de la que existÃa otra deuda de doce mil rublos. No habÃa pagaré: se trataba de una simple esquela que, según el apoderado, se podÃa impugnar. Pero Evgueni no concebÃa siquiera que pudiese negarse a saldar una deuda de su padre, si la deuda era real, por la simple razón de que se tratase de un documento impugnable. Necesitaba saber si la deuda era efectiva, segura.
—Mamá, ¿quién es Karelia VladÃmirovna EsÃpova? —preguntó a su madre cuando, como de ordinario, se reunieron a la hora de la comida.
—¿EsÃpova? Era ahijada del abuelo. ¿Por qué me lo preguntas?
Evgueni habló a su madre de la carta.
—Me hago cruces de cómo no le da vergüenza. Tanto como le dio tu padre…
—¿Le debemos algo?
—¿Cómo decÃrtelo? No hay deuda; a tu padre, movido por su infinita bondad…
—¿Pero lo consideraba papá como una deuda?