Cuentos populares
Cuentos populares —Magnífico, amigo. No te enfades conmigo —dijo María Pávlovna turbada.
Pero Evgueni vio que no había terminado y no había dicho lo que quería. Así resultó en efecto. Poco después pasó a contar que en su ausencia le habían pedido que fuese madrina de un niño de… los Péchnikov.
Ahora Evgueni enrojeció, pero no movido por el enojo o la vergüenza, sino por un extraño sentimiento de que lo que ahora le iban a decir era de gran importancia, ante la coincidencia de un razonamiento que en su fuero interno se había producido al margen por completo de su voluntad. Así resultó. María Pávlovna, como si no tuviese otro tema de conversación, dijo que aquel año sólo nacían niños; se veía que iba a haber una guerra. Los Vasin habían tenido un hijo, y también la joven de los Péchnikov. María Pávlovna quiso decir esto como de pasada, pero ella misma se sintió abochornada al ver cómo se teñía de rojo la cara de su hijo, su nerviosismo al ponerse los lentes y sus prisas al encender el cigarrillo. Se quedó callada. Él también calló, sin discurrir la manera de poner fin al silencio. Los dos se daban cuenta de haberse comprendido.
—Lo principal es que en la aldea reine la justicia, que no haya favoritos, como en tiempos de tu tío.