Cuentos populares
Cuentos populares A aquella hora, como con frecuencia ocurrÃa, transcurrÃa una popular conversación femenina en la que no habÃa lógica alguna, pero que debÃa tenerla, porque no cesaba ni un momento.
Las dos señoras insistÃan en sus alfilerazos y Lisa maniobraba hábilmente entre ellas.
—Me sabe mal que no haya terminado la limpieza de tu cuarto antes de que volvieras —dijo a su marido—. Quiero darle la vuelta a todo.
—¿Has dormido después que me fui?
—SÃ, me siento bien.
¿Cómo puede sentirse bien en su estado y con este calor insoportable, cuando sus ventanas dan al sol? —dijo Varvara Alexéievna, su madre—. Y sin celosÃas ni toldos. Yo siempre tuve toldos.
—Pero a la sombra estamos a diez grados —dijo MarÃa Pávlovna.
—Y de ahà vienen las calenturas: de la humedad —replicó Varvara Alexéievna, sin advertir que decÃa algo diametralmente opuesto a lo que antes sostenÃa—. Mi médico decÃa siempre que nunca se puede diagnosticar una enfermedad si no se conoce el carácter de la enferma. Y él lo sabe, porque es el número uno; le pagamos cien rublos. Mi difunto marido no querÃa saber nada de médicos, pero para mà nunca escatimaba nada.