Cuentos populares
Cuentos populares Como siempre, las casadas jóvenes y las mozas formaban un corro de vivos colores, y a su alrededor, a un lado y otro, como planetas y satélites que se hubiesen desprendido, giraban las chicas, dándose la mano y presumiendo con sus vestidos de percal, los pequeños, que reían y corrían atrás y adelante, los chicos mayores, con sus chalecos azules y negros, sus gorras y sus camisas rojas, que no cesaban de esculpir cáscaras de semilla de girasol, los criados de la casa y la gente de fuera, que contemplaba de lejos las evoluciones del corro. Las dos señoras se acercaron seguidas de Lisa, ataviadas con un vestido azul celeste, con cintas del mismo color en el pelo y en anchas mangas, por las que asomaban sus brazos largos y blancos de angulosos codos.
Evgueni no sentía deseos de salir, pero resultaba ridículo ocultarse. Salió también al portal con el cigarrillo en los labios, saludó a los chicos y a los hombres y se puso a hablar con ellos. Las mujeres, entre tanto, se desgañitaban cantando, batían palmas y bailaban al compás de su propio cántico.