Cuentos populares
Cuentos populares —Le llama la señora —dijo un chico acercándose a Evgueni quien no escuchaba las voces de su mujer. Lisa le llamaba para que viese las danzas, y sobre todo a una de las bailarinas, que le habĂa agradado particularmente. Se trataba de Stepanida. LucĂa una blusa amarilla, chaleco plisado y falda de seda; ancha, enĂ©rgica, arrebolada y alegre. DebĂa de bailar bien. Él no vio nada.
—SĂ, sà —decĂa quitándose y volviĂ©ndose a poner los lentes—. SĂ, sà —repetĂa. «Parece que no voy a poder librarme de ella», pensaba mientras tanto.
No miraba porque temĂa verse atraĂdo, y precisamente porque la habĂa visto de refilĂłn le pareciĂł más atractiva. Además, por su brillante mirada habĂa advertido que ella le veĂa y que se complacĂa en mirarlo. Se quedĂł lo indispensable para guarda las apariencias y, al advertir que Varvara AlexĂ©ievna la llamaba y de manera torpe y falsa le decĂa «querida», hablando con ella, dio la vuelta y se retirĂł. Se retirĂł y volviĂł a la casa. Se habĂa ido para no verla, pero al llegar al piso alto, sin haber Ă©l mismo para quĂ©, se acercĂł a la ventana y no se apartĂł de ella mientras las mujeres estuvieron ante el portal, mirándola y comiĂ©ndosela con los ojos.