Cuentos populares
Cuentos populares —Ve a la choza —dijo él de pronto, sin saber él mismo cómo. Era como si otro hubiese dicho estas palabras.
Ella mordisqueó el pañuelo, asintió con los ojos y corrió hacia donde antes iba, a la choza del jardín, mientras que él siguió su camino con el propósito de dar la vuelta en cuanto hubiese pasado el macizo de las lilas, para reunirse con ella.
—Señor —oyó a su espalda, le llama la señora—; dice que vaya un momento.
Era Misha, su criado.
«Dios mío, es la segunda vez que me salvas», pensó Evgueni, y al instante volvió a casa. Ella le recordó que había prometido llevar a la hora de la comida cierta medicina a una mujer enferma y le pedía que lo hiciera.