Cuentos populares
Cuentos populares “¡Perfecto! ¡Oh, eres un infame! No, si alguien tiene que morir, es ella. Si muriera ella, Stepanida, todo resultarÃa bien.
“SÃ, asà es como envenenan o pegan un tiro a las esposas o a las amantes. Basta tomar un revolver, llamarla y, en vez de un abrazo, dispararle en el pecho. Y se acabó.
“Porque ella es el diablo. El mismo diablo. Porque se ha apoderado de mà contra mi voluntad.
«¡Matar! SÃ. Sólo hay dos salidas: matar a mi mujer o a ella. Porque la vida es imposible», se dijo y acercándose a la mesa, sacó de ella un revolver y, después de examinarlo (faltaba un cartucho), se lo guardó en el bolsillo del pantalón.
—¿Qué hago, Dios mÃo? —exclamó de pronto, juntando las mano y empezó a rezar—. Ayúdame, Señor, lÃbrame del mal. Tú sabes que no quiero nada malo, pero yo solo no puedo. Ayúdame —decÃa, sin cesar de hacer la señal de la cruz ante la imagen.
«Aun puedo dominarme; daré una vuelta para pensarlo».