Cuentos populares
Cuentos populares —MuchÃsimas gracias —dijo Alberto cogiendo el dinero—. Y ahora, si os place, vamos a tocar música, yo tocaré tanto como queráis, pero os agradecerÃa que me dieras algo de beber —dijo levantándose.
Delessov le trajo otra vez vino y le instó para que se sentara a su lado.
—Me dispensaréis si os hablo con franqueza, —dijo Delessov—. ¡Vuestro talento me ha interesado tanto!
Me parece que estáis en una situación muy difÃcil.
Alberto miraba, ya a Delessov, ya a la señora de la casa, que acababa de entrar en la estancia.
—Permitidme que os ofrezca el auxilio de mi amistad —Continuó Delessov—. Si necesitáis alguna cosa…; me causaréis una verdadera satisfacción si provisionalmente os instaláis en mi casa; yo vivo solo y podrÃa seros muy útil.
Alberto sonrió sin responder.
—¿Por qué no le dais las gracias? —dijo la señora interviniendo—. Es un beneficio para vos… Por más que no os lo aconsejarÃa —dijo dirigiéndose a Delessov con un movimiento de cabeza que expresaba negación.
—Os lo agradezco mucho —dijo Alberto, estrechando entre sus húmedas manos las de Delessov—, mas ahora os ruego que vayamos a tocar música.