Cuentos populares
Cuentos populares Se metió en cama, apagó la bujÃa, pero no pudo dormir pensando siempre en Alberto. "Aunque esto les parezca extraño a muchos de mis amigos —pensaba Delessov—, es tan raro el poder hacer alguna acción desinteresada, que hay que dar las gracias a Dios cuando este caso se presenta; yo no dejaré de hacerlo. Haré todo, absolutamente todo lo que pueda para ayudarle. Quizá no esté loco y sea su extravÃo el efecto simplemente de la bebida. No me costará caro, porque donde come uno comen dos.
Por ahora que viva conmigo; después ya le encontraremos empleo para sacarle del banco de arena en que está encallado; más tarde ya veremos"…
Una agradable satisfacción de sà mismo le embargó después de estas reflexiones.
«Verdaderarnente no soy del todo malo; no, al contrario, soy muy bueno en comparación con los demás…» —pensó.
Estaba casi dormido cuando le distrajo el ruido de la puerta que se abrÃa y de unos pasos en la antesala.
«Tendré que ser más severo con él; debo hacerlo y será mucho mejor» —se dijo.
Apoyó el dedo en el timbre y llamó.
—¿Qué, le has traÃdo? —le preguntó a Zakhar, que entraba.