Cuentos populares
Cuentos populares Debe se ser un corazón de oro.
—Es un libertino —respondió Delessov.
—¡Oh, no! —replicó calurosamente Alberto—. En él se nota algo muy agradable, y es un buen músico —añadió—. Tocó allà un trozo de ópera que desde hace mucho no habÃa oÃdo ni que me gustara tanto.
—SÃ, toca bien; pero su estilo no me gusta —dijo Delessov, que querÃa obligar a su interlocutor a hablar de música—. No comprende la música clásica; y la música de Donizetti y de Bellini no es música buena. ¿No sois de esta opinión?
—¡Oh, no, no, dispensad! —dijo Alberto con expresión deferente—. La música antigua es una y la nueva es otra. En la música nueva hay también trozos extraordinariamente hermosos: ¡La Sonámbula!…, ¡el final de LucÃa! ¡Chopin!… ¡Roberto! He pensado muchas veces… —paróse un momento concentrando el pensamiento—, que si Beethoven viviese, llorarÃa de placer escuchando La Sonámbula. En todas partes se encuentra lo bueno. La primera vez que oà La Sonámbula fue cuando vinieron la Viardot y Rubini; era… ¡ah! —y brilláronle los ojos e hizo un gesto con las manos, como si hubiese querido arrancarse algo del pecho—; con un poquito más…
—Y ahora, ¿qué os parece la ópera? —preguntóle Delessov.