Cuentos populares
Cuentos populares —Bozia es buena, muy buena, extremadamente elegante, pero no tiene nada aquí —dijo señalando su hundido pecho—. A un artista le hace falta pasión y ella no la siente. Como gustar ya gusta pero no entusiasma.
—¿Y Lablache?
—Le oí en París en el Barbero de Sevilla; en aquella época era el único; pero ahora ya es viejo. No puede ser actor, es demasiado viejo…
—Sí, es viejo, pero aún vale en la música de conjunto —dijo Delessov.
Éste era su juicio respecto a Lablache.
—¿Cómo que qué importa que sea viejo? —dijo Alberto con severidad—. No debiera serlo. El artista no debe nunca ser viejo. Se necesitan muchas cosas para el cultivo del arte, pero principalmente el fuego sagrado —dijo con los ojos brillantes y levantando las manos.
En efecto un fuego devorador brillaba en todo él.
—¡Ah, Dios mío! —dijo de pronto—, ¿no conocéis a Petrov, el pintor?
—No —respondió sonriendo Delessov.
—Me gustaría en extremo que pudieseis conocerle.