Cuentos populares
Cuentos populares ¡RecibirÃais un gran placer oyéndole hablar! ¡Cómo comprende el arte! Antes nos encontrábamos muchas veces en casa de Anna Ivannovna; pero ésta, por una cuestión baladÃ, se enfadó con él, y no ha ido más. Me gustarÃa mucho que trabarais amistad con él. Tiene mucho talento.
—¿Hace cuadros? —preguntó Delessov.
—No sé, creo que no… ¡pero ha salido de la Academia! ¡Qué ideas tiene! Cuando habla, es sorprendente a veces lo que dice. ¡Oh!, Petrov es un gran talento, pero lleva una vida muy agitada, muy alegre… ¡es lástima!, —añadió Alberto sonriendo; y cogiendo el violÃn se puso a templarlo.
—¿Hace mucho tiempo que salisteis de la ópera?
—Preguntó Delessov.
Alberto le miró y suspiró profundamente.
—¡Oh!, ya ni me acuerdo —dijo soltando el violÃn y cogiéndose la cabeza entre las manos; después sentóse de nuevo al lado de Delessov.
—Os diré. ¡No puedo tocar allÃ…, porque no tengo nada! Ni ropa, ni albergue, ni violÃn. ¡Mala vida, mala vida! ¿Para qué allÃ?, ¿para qué? No hay necesidad.
¡Ah! ¡Don Juan! —dijo golpeándose la cabeza.
—Iremos un dÃa juntos —dijo Delessov.