Cuentos populares
Cuentos populares Alberto cogió sin contestar el violÃn y empezó a tocar el final del primer acto de Don Juan explicando al mismo tiempo el argumento de la ópera.
A Delessovse le erizaron los cabellos cuando tocó el trozo del comendador agonizante.
—No, no puedo tocar; hoy he bebido demasiado —dijo tirando el violÃn. Tan pronto como hubo acabado de decirlo, se acercó a la mesa, se sirvió un vaso de vino, y, bebiéndoselo de un trago, sentóse otra vez en la cama al lado de Delessov.
Éste miraba a Alberto sin quitarle los ojos de encima.
El músico sonreÃa de vez en cuando y Delessov también. Los dos callaron, pero entre ellos se establecÃan, por la mirada y la sonrisa, relaciones cada vez más estrechas. Delessov sentÃa un afecto cada vez mayor hacia Alberto, y experimentaba en todo su ser una alegrÃa inexplicable.
—¿Estáis enamorado? —le preguntó Delessov.
Alberto púsose pensativo por algunos segundos, y pocos momentos después su cara se iluminó con una sonrisa triste. Acercándose a Delessov, miróle fijamente a los ojos.