Cuentos populares
Cuentos populares —¿Porqué me lo preguntáis? —murmuró—. Pero, os lo contaré todo porque me habéis agradado, —continuó, mirándolo mientras se volvÃa un poco—. Os tengo que decir la verdad; os lo contaré tal como sucedió.
Detúvose un momento y fijó los ojos en Delessov con mirada salvaje.
—Ya sabéis que soy un espÃritu débil —dijo de pronto—. ¡SÃ, sÃ, estoy seguro que Anna Ivannovna os lo ha contado todo, porque dice a todo el mundo que yo estoy loco! No es verdad, lo dice de broma; es una buena mujer, pero es cierto que hace algún tiempo no me encuentro muy bien. —Alberto callóse de bueno; sus ojos fijos y muy abiertos miraban hacia la puerta oscura—. ¿Me habéis preguntado si amaba? SÃ, he amado. Hace mucho tiempo, cuando aún estaba empleado en el teatro. Era segundo violÃn en la ópera y ella venia al palco proscenio de la izquierda. —Alberto se levantó e inclinándose al oÃdo de Delessov, dijo—: ¿Para qué nombrarla? Si duda la conocéis, todos la conocen… Yo trataba de no amarla porque no soy más que un pobre artista y ella era de la aristocracia; yo lo sabÃa, por eso me contentaba nada más que con mirarla, sin pensar en nada…
Alberto púsose pensativo, juntando sus recuerdos.