Cuentos populares
Cuentos populares —Cómo sucedió, no lo puedo recordar; pero un dÃa me mandó llamar para que la acompañara con el violÃn… ¡yo, un pobre artista!… —dijo suspirando mientras levantaba la cabeza—. Pero no, no puedo explicarlo; no puedo. ¡Qué feliz fui entonces!
—¿Fuisteis muchas veces a su casa? —preguntó Delessov.
—Una vez, una sola vez… ¡pero fui muy culpable; me volvà loco; yo, un pobre artista y, ella, una dama noble!… No le debÃa haber dicho nada, pero estaba loco y cometà una torpeza… Desde entonces todo concluyó para mÃ. Petrov dijo la verdad: Más me hubiera valido verla solamente en el teatro…
—¿Qué hicisteis entonces? —preguntó Delessov.
—¡Ah! esperad, esperad… Eso no puedo explicarlo —y ocultando el rostro entre las manos, callóse un momento—. Llegué tarde a la orquesta por haberme entretenido bebiendo con Pretov, y me sentÃa muy turbado. Estaba ella en su palco hablando con un general, que no se quién seria; estaba sentada en la delantera y tenÃa la mano apoyada sobre la barandilla.