Cuentos populares
Cuentos populares —No, esperad, oÃdme —y acercándose a Delessov empezó a hablarle en voz baja—. Yo besaba su mano y lloraba a los pies de ella… Después le estuve hablando un buen rato, sintiendo el suave olor de perfumes, y el timbre de su voz; luego cogà el violÃn y me puse a tocar con suavidad y, según creo, admirablemente.
—Nunca he tenido miedo de las tonterÃas que cree el vulgo, porque no creo en ellas; pero aquella noche pasó algo —dijo con extraña sonrisa y poniéndose las manos en la cabeza—. Estaba asustado por mi pobre espÃritu, porque me parecÃa que pasaba algo en mi cabeza. Quizá no fuese nada; ¿cuál es vuestro parecer?
Quedáronse ambos silenciosos durante algunos minutos.
Aunque las nubes cubran el cielo, El sol brilla siempre claro… —cantó Alberto sonriendo dulcemente—. ¿No es verdad?
También yo he vivido y he gozado.
¡Qué bien interpretaba todo eso Petrov!
Delessov estaba silencioso, mirando con espanto el pálido y emocionado semblante de su interlocutor.