Cuentos populares
Cuentos populares La cara de Alberto perdió instantáneamente su expresión infantil. Miró a la ventana con la vista empañada y frÃa, y se dejó caer sobre la silla.
—Mejor serÃa que almozarais.
—No, gracias, no tengo apetito.
—Si queréis tocar el violÃn, no me estorbáis para nada —dijo Delessov, dejando el instrumento encima de la mesa.
Alberto miró el violÃn con aire despreciativo.
—Estoy débil y no puedo tocar —dijo rechazando el instrumento.
Después de esto, a todo lo que Delessov le proponÃa, ir al teatro, pasearse… contestaba con un humilde saludo, guardando obstinadamente el silencio más absoluto.
Delessov salió a hacer algunas visitas, comió con los amigos y antes de ir al teatro entró en casa para cambiarse el traje y saber qué hacÃa el músico. Alberto estaba sentado en la antesala, complemente a oscuras; tenÃa la cabeza apoyada entre sus manos y contemplaba la estufa encendida. Se habÃa lavado, peinado y vestido con mucha limpieza, pero sus ojos estaban velados y sin expresión; en todo su cuerpo se notaba más debilidad y más fatiga que por la mañana.
—Qué, ¿habéis comido? —preguntóle Delessov.