Cuentos populares
Cuentos populares Alberto hizo un signo afirmativo con la cabeza, y mirando con desconfianza a Delessov, bajó la vista.
Delessov se sintió apenado.
—Hoy he visto al director, al cual he hablado de vos —dijo Delessov desviando la mirada—. Tendrá mucha satisfacción en volver a veros. Si permitieseis que él os oyese…
—Muchas gracias, no puedo tocar —pronunció entre dientes Alberto y pasó a su habitación cerrando la puerta tras si.
Algunos momentos después volvió a salir de la habitación con el violÃn, dio una rápida y agresiva mirada a Delessov, dejó el violÃn sobre una silla y desapareció nuevamente.
Delessov se sonrió encogiéndose de hombros.
«¿Qué debo hacer? ¿De que soy culpable?» —pensó.
—¿Cómo está el músico? —fue la primera pregunta que hizo al entrar ya tarde en su casa.
—Está bastante mal —respondió brevemente y con voz sonora Zakhar—. Se pasa el tiempo tosiendo y suspirando sin decir una palabra. Varias veces me ha pedido aguardiente, y le he dado ya un vasito. De lo contrario era de temerse que le perdiéramos. Es como el empleado…
—¿Ha tocado el violÃn?