Cuentos populares
Cuentos populares Durante todo el día había estado haciendo gestiones para cierto negocio que le pareció muy fácil y, como pasa casi siempre, a pesar de todo su cuidado, no había obtenido lo que deseaba. Además, en el club había perdido algo y estaba de muy mal humor.
—¡Que Dios le proteja! —respondió a Zakhar, el cual le explicaba la triste situación de Alberto—. Mañana le preguntaré definitivamente si quiere quedarse en casa y seguir mis consejos. Si no, peor para él; me parece que he hecho todo lo que he podido.
La palabra «todos» se refería los hombres en general y en particular a aquéllos con quienes había hablado por la mañana.
«¿Qué será de él ahora? ¿En qué piensa?, ¿qué es lo que le entristece? ¿Echa de menos el desarreglo y humillación en que vivía, la mendicidad de donde le he sacado?». Evidentemente ha caído muy bajo para que pueda acostumbrarse de nuevo a una vida honrada… «No, es una chiquillada —dijo Delessov—. ¿Por qué me he de meter a corregir a los demás? Que Dios me permita arreglarme a mi mismo». Quiso dejarle marchar enseguida, pero reflexión o un momento y lo dejó para el día siguiente.
Durante la noche, Delessov despertó con el ruido de una mesa que se había caído en la antesalas, y oyó voces y pasos en la misma. Encendió una bujía y escuchó con ansiedad…