Cuentos populares
Cuentos populares —Sabe usted, sabes… es igual. Cuando me fijé en ti no me movÃa un impulso desinteresado, querÃa ligarme con la alta sociedad; pero luego, cuando te conocà mejor… ¡Qué mezquino me ha parecido todo eso en comparación con lo que tú eres! ¿No te enojarás por lo que te digo?
La joven no respondió a la pregunta, se limitó a rozar con su mano la de él.
—Has dicho… —se sintió cohibido, le parecÃa excesivamente osado lo que tenÃa a flor de labio—. Has dicho que me quieres; perdóname, lo creo; pero ¿no hay algo, además de esto, que te inquieta y turba? ¿Qué es?
«Ahora o nunca —pensó ella—. De todos modos lo sabrá. Pero ahora ya no lo pierdo. ¡SerÃa horrible que me dejara!».
Contempló con ojos de enamorada su figura grande, noble y poderosa. Ahora lo querÃa más que a Nikolái, y a ningún precio lo cambiarÃa por éste, si no se tratara de un emperador.
—Escúcheme. No puedo ocultar la verdad. He de decÃrselo todo. ¿Pregunta usted qué me inquieta? Pues, el haber amado.
Ella puso la mano en la del joven con gesto suplicante.
Él callaba.