Cuentos populares
Cuentos populares Si el amante de su prometida hubiera sido un simple particular, lo habría muerto; pero se trataba del adorado zar.
Al día siguiente solicitó un permiso y pidió le relevaran de sus funciones. Pretextó una enfermedad, para no tener que visitar a nadie, se marchó a su aldea.
Pasó allí el verano, poniendo en orden sus asuntos. Cuando el estío tocó a su fin, Kasatski no regresó a Petersburgo, sino que se fue a un monasterio y se hizo monje.
Su madre le escribió desaconsejándole que diera un paso tan decisivo, pero él le contestó diciéndole que la llamada de Dios era superior a todas las demás consideraciones, y que él la sentía. Únicamente su hermana, tan orgullosa y ambiciosa como él, le comprendió.