Cuentos populares

Cuentos populares

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Desde que seguíamos los trineos, el cochero parecía haberse animado. Se mostró más alegre y locuaz. Como es natural, pensé aprovecharme de esto, ya que aún no tenía sueño. Le hice varias preguntas y no tardé en enterarme de que se trataba de un paisano mío. Era de la aldea de Kirpich, de la provincia de Tula. Me dijo que tenía muy poca tierra de su propiedad y que, desde la epidemia del cólera, las cosechas se daban mal. Eran tres hermanos. Uno de ellos había ido a servir, porque no les alcanzaba el trigo ni siquiera hasta Navidad. Y el otro, el menor, estaba al frente de la casa, por ser casado. Cada año salían grupos de hombres de su pueblo para hacerse cocheros y él había seguido el ejemplo —se había empleado en una estación de postas— para poder ayudar a su hermano. Ganaba ciento veinte rublos al año, de los cuales le mandaba cien. Vivían bien. Lo único que le disgustaba era que los cocheros fuesen tan animales y «la gente de esta región tan pendenciera».

—¿Por qué me habrá reñido tanto ese cochero? ¿Acaso le solté los caballos adrede? Yo no suelo hacer daño a nadie. No tenía que haber ido a buscarlos. Lo único que va a conseguir es extraviarse y reventarlos. Habrían vuelto solos —exclamó el mujik.

—¿Qué es eso? —pregunté, al divisar algo negro delante de nosotros.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker