Cuentos populares
Cuentos populares —Un convoy —contestó el cochero—. ¡Asà da gusto viajar! —prosiguió cuando hubimos llegado junto a unos enormes carros de ruedas, cubiertos con harpilleras, que avanzaban en fila india—. FÃjese, no se ve un solo hombre, todos duermen. Los caballos son muy listos. No hay cuidado de que se desvÃen del camino. Lo sé, porque yo también he viajado en convoyes.
Resultaba extraño ver aquellos enormes carros, cubiertos de nieve de arriba abajo, que avanzaban completamente solos. En el de delante, se entreabrió la harpillera y, por un momento, asomó una cabeza cuando los cascabeles de nuestra troika sonaron junto al convoy. Y uno de los caballos, un gran caballo pÃo que caminaba con el cuello estirado y el lomo en tensión, moviendo acompasadamente la cabeza, enderezó una de sus orejas, cubiertas de nieve, en el momento en que pasamos a su lado.
Al cabo de media hora de silencio, el cochero volvió a hablarme.
—¿Cree que vamos bien, señor?
—No lo sé.
—Antes, el viento soplaba por ese lado y, en cambio, ahora no lo notamos. Sin duda, nos hemos perdido —dijo, en tono tranquilo.