Cuentos populares
Cuentos populares Creo que era casi medianoche cuando nos alcanzaron el viejecito y Vasili. Nunca podrá comprender cómo lograron capturar a los caballos ni encontrarnos con aquella borrasca en la oscura y desierta estepa. Balanceando los brazos y las piernas, el viejo venÃa al trote montado sobre el caballo de tiro (los otros dos estaban atados a su collera; cuando hay borrasca no se puede dejar sueltos a los caballos). Al llegar junto a mÃ, empezó a reñir de nuevo a mi cochero:
—¡Vaya con el estúpido ese! Te aseguro que dan ganas de…
—¡TÃo Mitrich! ¿Vienes santo y salvo? Pues, anda, vente aquà con nosotros —gritó el que contaba el cuento.
El viejo no le contestó y continuó riñendo a mi cochero. Sólo cuando juzgó que le habÃa regañado bastante, se acercó al segundo trineo.
—¿Los cogiste a todos? —le preguntaron.
—¡Desde luego! ¡No faltarÃa más!
El viejo saltó a tierra sin detener al caballo, corrió en pos del trineo y, una vez que hubo saltado dentro, se instaló con las piernas colgado por encima del borde. Lo mismo que antes, Vasili, el cochero alto, subió en silencio en el primer trineo, junto a Ignashka, para ayudarle a buscar el camino.
—¡Qué manera de regañar! ¡Ay Señor! —rezongó mi cochero.