Cuentos populares
Cuentos populares Después de esto, seguimos adelante bajo la fría luz tenue y vacilante. Cada vez que abría los ojos, veía ante mí el gorro deforme del cochero, su espalda cubierta de nieve, las riendas, la cabeza del caballo de tiro, con sus crines negras que el viento azotaba siempre por el mismo lado, y el caballo bayo, con su cola atada. Abajo, veía sin cesar la misma nieve seca que el trineo levantaba a su paso y que el viento se llevaba obstinadamente en la misma dirección. Delante, y siempre a la misma distancia, se deslizaba el trineo que iba a la cabeza.