Cuentos populares
Cuentos populares —Bueno, ahora hay que decidir lo que vamos a hacer, hay que instalarse —dijo—. ¡Vamos, hijos, ayudad de prisa! ¡Como unos valientes! Colocad las cosas en su sitio; mañana mandaremos a Serguei con una esquelita a casa de mi hermana MarÃa Ivanovna y a casa de los Nikitin, o iremos nosotros mismos. ¿No es eso, Natalia? Pero ahora, arreglad las cosas.
—Mañana es domingo; espero que ante todo irás a oÃr misa, Pierre —dijo la esposa, de rodillas ante el baúl que abrÃa.
—Tienes razón, mañana es domingo. Iremos todos juntos a la catedral de Uspiensky. Asà daremos principio a nuestro regreso. ¡Dios mÃo! Cuando recuerdo el dÃa que fui por última vez a esa catedral. ¿Te acuerdas, Natasha? Pero no hablemos de eso —dijo levantándose presuroso de la butaca en que se habÃa sentado—. Ahora hay que instalarse.
Después de un rato de ir y venir de una habitación a otra sin hacer nada, dijo:
—¿Vamos a tomar el té o quieres descansar primero?
Bueno —contestó Natalia Nikolaievna mientras sacaba algo del baúl—. Pero querÃas ir a los baños.
—SÃ… En mis tiempos habÃa unos junto al puente Kamenyi. Esta habitación la ocuparemos Serioja[26] y yo. ¡Serioja! ¿Crees que estarás bien aquÃ?