Cuentos populares
Cuentos populares —Aquà tiene —Piotr Ivanovich tenÃa costumbre de hablar de usted a todos sin excepción, menos a los miembros de su familia—; y para usted —añadió dirigiéndose al otro.
Después se fue a los baños.
Sonia, sentada en el diván, apoyó la cabeza en la mano y se echó a reÃr.
—¡Ay, qué bien se está, mamá, qué bien se está!
Luego colocó las piernas sobre el diván, y después de estirarse y buscar una posición cómoda, se durmió con un sueño profundo de muchacha sana de dieciocho años, después de un viaje que habÃa durado mes y medio. Natalia Nikolaievna, que seguÃa recogiendo las cosas en la habitación contigua, debió de oÃr con su oÃdo de madre que Sonia no se movÃa y fue a verla. Alzando con su mano blanca la cabeza de cabellos enredados y de encendido rostro de la muchacha, la puso encima de una almohada. Sonia suspiró profundamente, movió los hombros y recostó la cabeza sin decir merci, como si aquello se hubiese hecho por sà solo.
—Gavrilovna, Katia, no es ésa, no es ésa la que tenéis que hacer —exclamó Natalia Nikolaievna dirigiéndose a las doncellas, que habÃan empezado a hacer una cama y, como si lo hiciera al paso, recogió los cabellos de su hija.