Cuentos populares
Cuentos populares Continuó arreglando las cosas sin parar un solo momento, aunque sin precipitarse tampoco.
Al llegar su marido y su hijo, todo estaba dispuesto; ya no había baúles en las habitaciones; en el dormitorio de Pierre todo estaba igual que lo estuviera durante tantos años en Irkust: la bata, la pipa, la petaca, el agua azucarada, los Evangelios, que solía leer de noche, y hasta una estampa por encima del lecho, sobre el vistoso empapelado. En el hotel Chevalier no se solía emplear tal adorno; sin embargo, aquella noche apareció en todas las habitaciones del piso tercero.