Cuentos populares
Cuentos populares Cuando el señor Chevalier, que había subido a acomodar a los huéspedes, volvió para hacer algunos comentarios acerca de los recién llegados con la compañera de su vida —ésta lucía un vestido de seda adornado de encajes y permanecía sentada, al estilo parisiense, detrás del mostrador— había en la estancia varios clientes habituales del hotel. Serioja se había fijado en esa habitación y en sus visitantes. También ustedes lo habrán observado si han ido alguna vez a Moscú.