Cuentos populares
Cuentos populares —¿Lo oye, madame Chevalier? —exclamó un grueso oficial de cosacos que debÃa mucho dinero en el hotel.
—Este comparte mis gustos —dijo Chevalier, dando unos golpecitos en las charreteras del oficial.
—¿Es tan guapa esa siberiana?
Chevalier juntó los dedos y se los besó. A continuación, se inició una charla confidencial muy alegre. Hablaban del oficial grueso, que escuchaba risueño.
—¿Es posible que se pueda tener el gusto tan extraviado? —exclamó uno de ellos—. ¡Mademoiselle Clarisse! ¿Sabe que lo que más le gusta a Strugov de las mujeres son los muslos de gallina?
Aunque no habÃa comprendido la sal de aquella conversación, a pesar de sus feos dientes y de su edad madura, mademoiselle Clarisse lanzó una sonora carcajada.
—¿Es la señorita siberiana la que le ha inspirado tales ideas?
Una carcajada unánime acogió esta frase. Monsieur Chevalier reÃa diciendo:
—Ce vieux coquin!
Y zarandeaba al oficial.
—¿Quiénes son estos siberianos? ¿Fabricantes? ¿Comerciantes? —preguntó alguien cuando cesaron las risas.