Cuentos populares

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Chevalier, el portero y los criados redoblaron su amabilidad aquella mañana a causa de los que llegaban en coche preguntando por Piotr Ivanovich. Por mucho que haya sufrido en la vida y por inteligente que sea una persona, no deja de agradarle recibir muestras de respeto de quien es respetado por todos. Piotr Ivanovich se sintió halagado cuando Chevalier, haciendo profundas reverencias, le ofreció otro departamento mejor y cuando vio las tarjetas de ilustres personajes, entre ellos las de varios condes y la del príncipe D***. Natalia Nikolaievna dijo que no se recibiría a nadie; quería ir a ver a María Ivanovna. Labazov se mostró de acuerdo, a pesar de que le hubiera gustado hablar con algunos de los visitantes. Pero uno subió antes de aquella prohibición. Era Pajtin. Si le hubiesen preguntado por qué había vuelto, no habría podido decirlo, no había ningún motivo, exceptuando que le atraía todo lo nuevo y divertido. Venía a contemplar a Piotr Ivanovich como a objeto raro. Aparentemente, uno debía sentirse intimidado yendo a visitar a un desconocido por esa razón. Pero resultó todo lo contrario. Piotr Ivanovich y sus hijos se turbaron. Natalia Nikolaievna era demasiado grande dame para turbarse. Nada le hacía perder la serenidad. La mirada cansada de sus encantadores ojos negros se detuvo tranquilamente en Pajtin, que tenía un aspecto lozano, alegre y satisfecho de sí mismo como de costumbre. Recordó que antaño había sido amigo de Natalia Nikolaievna.


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